Festejo de nuestro “no cumpleaños” en Las violetas


Escrito por Marcela Mazzucchelli y Laura Ismirlian

Nos encontramos en la enigmática (?) esquina “Las Violetas”. El lugar está más lleno de lo que pensábamos, hasta tuvimos que esperar unos minutos afuera, ¡pero todo sea por comer!
A nuestra izquierda acaba de sentarse un hermoso bebé que nos dedicó una contagiosa sonrisa luego de intentar agarrar cuanto servilletero encontró a su alcance.
En la mesa que está a nuestra derecha hay una parejita con un ramo de rosas (¡super tierno!) y están comiendo la bandeja que finalmente decidimos pedir nosotras. Una de las mejores atenciones del servicio de nuestro mozo fue cuando nos tomó el pedido, que era muy parecido al de la otra mesa y empezó a señalarla arqueando las cejas mientras sonreía, fue imposible no tentarnos. Una vez que nos habíamos ganado la confianza del mozo y monerías de por medio al bebé vecino, llegó nuestra merienda. La bandeja se llamaba “María Cala”, que no parecía mucho, pero sinceramente cuando lo tuvimos enfrente nos dimos cuenta de que... ¡era un montón! (sobró como para merendar una semana más). Al ver las tortas Marce se entusiasma pero se da cuenta de que están llenas de crema y dice “¡No te puedo creer! No me gusta la crema”.
¡Definitivamente nuestro mozo es adivino! Mientras nos servía el té y el chocolate pregunta -“¿Té para quien?”- -“Para mí”- contesto yo y mientras me sirve el té pregunta -“¿María?”- a lo que después de un breve silencio contesto -“… no… ”- entonces el mozo arriesga nuevamente –“¿Laura?”-. ¿¡Cómo sabia!?

Entonces yo le digo “¡El mío! ¡Ahora adivine mi nombre!”. Pero el mozo se negó alegando que mi nombre era más difícil (¡tampoco tanto che!). No terminamos de reírnos de eso cuando empiezan a atravesar el espacio entre nuestra mesa y la de al lado (al mejor estilo Misión imposible) dos personas que casi milimétricamente logran evitar rozar mi pedazo de torta.
Luego de picotear un poco de todo: sándwich, torta, masita, chips, pasta frola; Lau tira su incoherente comentario:” ¡Uy, estoy llena!” y mientras mira la bandeja pensativa pregunta “¿Qué más puedo comer?”. Mientras, yo termino de comer mi pasta frola y le pongo cara de “sólo vos podes juntar esas dos frases”.

Definitivamente habíamos comido mucho, creo que para cuando nos fuimos ninguna de las dos podía respirar bien. Igualmente, sobró tanto que tuvimos que pedirle al señor mozo adivino que nos envuelva el resto para llevarlo. Obviamente en mi casa se devoraron todas las sobras en cuestión de segundos. Incluso la parte de Marce, que fue cedida heróicamente porque se iba al teatro y ni daba caer con el paquete de comida. El lugar: encantador. La comida: abundante y rica. La gente: loca. Como nosotras, por eso lo pasamos tan bien. ¡Ya vamos a volver!

1 comentarios:

Anónimo 10/8/09 10:58  

Las Violetas es uno de los mejores cafes de la ciudad, junto con el Tortoni forman parte de la historia de Buenos Aires. Me alegro hayan disfrutado de su "No cumpleaños". Eso quiere decir que para su cumpleaños no hay regalos verdad?
Jaja, saludos de su Admirador Secreto.

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