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Escapada a MDQ

Escrito por Laura Ismirlian

Todo empezó con nuestras siempre vigentes ganas de ir a Aquasol (¡que todavía tenemos!), así que decidimos ir un fin de semana a MDQ solamente para ir ahí y tirarnos con los gomones enormes y empaparnos con los toboganes de agua, igual que como lo hicimos hace años. Y obviamente si quedaba tiempo después recorríamos un poco, claro. Un fin de semana era todo lo que necesitabamos, ¡nada más! y seríamos felices. Arreglamos irnos con la compañía de Marta (ya casi madre de ambas) quien nos llevó plácidamente y nos entretuvo durante todo el viaje. A la ida el pronóstico decía nublado, pero ¡teníamos esperanzas! Entendimos después que el pronóstico feo era no sólo para ese día (viernes) sino para todo el fin de semana, pero no importaba nada, ¡teníamos esperanzas! Tantas esperanzas teníamos que hasta nos fuimos todo el viaje de ida con el bolso armado ya para ir a Aquasol, ¡no sea cosa que el tiempo cambie de estar nublado a soleado y nos perdamos tiempo de felicidad en el parque acuático! Bueno, a pesar de todo llegamos al Km. 386 y vimos pasar la entrada del parque bañadas debajo de la lluvia torrencial, evidentemente ese viernes no ibamos a poder ir. Sería el sábado, o de última el domingo, pero no: el frío que hacía era para estar en julio, no en febrero. Evidentemente no tuvimos suerte ese fin de semana con Aquasol, pero aprendimos (con la ayuda de nuestra querida Marta, obviamente) a disfrutar de La Feliz sin agua. Entre la Casa de Té (totalmente recomendada), el Laberinto, los churros de Manolo, los licuados de noche, las cabalgatas, la Play con el Tetris y el Mario, el resto de Albertito con la comida super extravagante, Sierra de los Padres, y mucho más, ¡pasamos un fin de semana GENIAL!...

¿Viste Aquasol? No te necesitamos para ser felices. Igual seguro volvemos a probar el año que viene, ¿no? Como quien no quiere la cosa...

¡Vení saluda a Thalia!

Escrito por Marcela Mazzucchelli

Conocí a esta peculiar llama en mi viaje por el norte argentino. Dicha llama es toda una atracción en el recorrido que se realiza desde Salta capital hasta Cafayate. Parecería ser que para poder sacarse una foto con la mencionada llama uno debe darle una “propina” al señor que se encuentra a su cuidado, pero en verdad lo que se necesita es la aprobación de la mismísima Thalía. Observemos en el siguiente video qué es lo que ocurre si no obtenemos dicha aprobación…




Como habrán observado, luego del hermoso episodio que atravesó la última señora que intentó acercarse a la llama, aparezco yo muy sonriente y me abrazo a la llama. Para los que pensaban que cabía la posibilidad de que yo no hubiese visto lo antes sucedido les aclaro: estaba muy al tanto de lo que era capaz de hacer la llama, pero sucede que soy una irremediable aventurera ¡inconsciente!

Sobre nosotras...

Aunque a veces te quiera matar... ¡¿qué haría sin ti?!